10 años del Devil And Dust #1

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08 Sep 10 años del Devil And Dust #1

SPRINGSTEEN SE SACUDE EL POLVO

Por Agustín de Grado / The Stone Pony
Publicada en la Revista 46

Confieso que temí lo peor cuando Springsteen anunció nuevo disco. Me preocupaba el contexto en el que se producía. Me explico. Siempre tan reticente a la utilización interesada de su obra por políticos egoístas, nunca antes se había comprometido tanto en una batalla electoral para contribuir a la derrota de uno de los dos candidatos a la presidencia de su país. Creyó que se trataba de un momento excepcional que le obligaba a dar un paso adelante y actuó -no podía ser de otra forma- conforme a su convicción personal. Temí entonces que, después de tanto esfuerzo para evitarla, la victoria de Bush hubiera abierto en las entrañas de Springsteen una herida por la que sólo supurara tales dosis de enojo político y ofuscación personal que terminaran por convertir su nueva obra en un vulgar ajuste de cuentas.

Acabo de escuchar “Devils & Dust”. Mis temores eran infundados. El de Freehold ha vuelto con un puñado de canciones soberbias. Alumbradas, como todo parto natural, con dolor, pero sin rastro de cólera ni de irritación ciega. Hay lamento, pero no falta la esperanza. Hay pecado, pero también redención. Son protagonistas de carne y hueso, profundamente humanos. Universales por tanto. Todos podemos reconocer en el protagonista del tema que da título al disco a un “marine” aterrado en los desiertos de Mesopotamia. Pero la canción se hace universal -y por tanto reconocible para los que nos somos “marines”, ni siquera norteamericanos- cuando, al compás de una armónica afilada como una daga siciliana, desgarra el alma con esta pregunta: “¿Y si lo que haces por sobrevivir / destruye aquello que amas?”. Ahí está un “marine” asustado, y sin embargo no es necesario tener “el dedo sobre el gatillo” para que podamos descubrir -y tener que enfrentarnos- al mismo dilema en momentos de nuestra vida cotidiana.

“La idea de los demonios y el polvo -ha explicado Springsteen- tiene que ver con luchar contra lo que te está comiendo por dentro”. ¿Y no es esta batalla la que los personajes de Springsteen libran desde su primer disco, o para ser más exactos desde “Born to Run”? En este sentido, “Devils & Dust” es un capítulo más de la epopeya que el cantautor de New Jersey viene narrando desde hace treinta años. No tengo dudas: el joven que sale corriendo con los ojos inyectados de romanticismo en “Thunder Road” es el mismo que más tarde se casó obligado por un embarazo no deseado en “The River”, abandonó el hogar en “Tunnel of Love” y ahora regresa dispuesto a ejercer su responsabilidad de padre y marido en “Long Time Comin'”, con un entusiasmo y una fortaleza de ánimo que la guitarra acústica y un estribillo pegadizo animan a compartir: “Esta vez no la voy a joder / Ha pasado mucho tiempo, mi amor, pero ya llegó”.

En “Devils & Dust” reconocemos los argumentos esenciales que han otorgado carácter propio a la obra de nuestro artista preferido: personajes intensos, almas fogosas e historias reconocibles rebosantes de dignidad. Hace años que Springsteen abandonó los coches y la carretera como metáforas para expresar la tensión vital de los protagonistas de sus canciones, siempre en permanente búsqueda. Las manifestaciones de ardor juvenil cesaron tras “Born in the USA” y desde entonces han sido sustituidas por gestos de compromiso adulto en los que “Devils & Dust” profundiza (“Mi confianza está un poco oxidada / pero si no te apetece estar sola / te puedo acompañar de camino a casa”). Y las expresiones de romanticismo vivaz, por una dolorosa reflexión interior (“Yo sé lo que es fracasar / ante los ojos del mundo entero / Sé lo que es haber llegado a la cima / para después caer como un borracho sobre el suelo del bar”). Ha cambiado el decorado; arde el mismo fuego interior. Lo que devora al boxeador de “The Hitter” es lo mismo que comía por dentro al piloto de “Racing in the street”: tipos ambos con dolores y cicatrices “que ni el tiempo ni los hombres pueden borrar”, pero que frente a aquellos que “simplemente dejan de vivir y comienzan a morir poco a poco” y se refugian en el pasado porque no soportan el presente, logran hallar algo de sentido a su vida en una última carrera, en un último combate en el muelle. Y si en “Factory” era el chaval de una urbe industrial quien daba el portazo para esquivar un crudo destino, en “Black Cowboys” es otro joven, ahora en un ambiente rural, el que tiene que salir huyendo por la noche de la sórdida realidad familiar.

A estas alturas, que nadie trate de encontrar algo nuevo en Springsteen. Hace más de veinte años que explicó su ambición: “En realidad no siento deseos de experimentar por experimentar, porque en líneas generales lo que intento siempre es hacer brotar una idea. Así que siempre parto de ahí. ¿Es una buena canción? ¿Hay un ser humano en esa canción? Si canto esa canción, ¿oiréis la voz de una auténtica persona? Y luego, ¿cuál es su historia, qué están diciendo? ¿Es algo que vale la pena que ocupe un poco del tiempo de la gente?”. “Devils & Dust” es la obra de un artista que ha vuelto a sumergirse en la fértil tradición de los grandes narradores de la realidad norteamericana: Steinbeck y su capacidad para crear personajes de una grandeza humana que se levantan sobre las miserias de la vida; Woody Guthrie y su fe en la fuerza transformadora de una guitarra y una melodía; John Ford y su talento para componer paisajes que evocan el espíritu de una comunidad. Raíces que alimentan también el estilo musical y la interpretación vocal de esta nueva aventura sin la E Street Band. “Long Time Comin”, “Maria’s Bed” , “Jesus Was an Only Son” y “All I’m Thinking about” son perlas de una obra más rica y completa que “The ghost of Tom Joad”, donde Springsteen llegó a confundir intimismo con monotonía en muchos temas. “Devils & Dust” está en la ruta de la mejor música americana. Huele a granero lleno de mies, invita a cabalgar por praderas sin límite, captura el aroma de la frontera -rebosante de miedo y sudor-, crepita como una fogata bajo las estrellas, transforma en melodía el silencio de la oración, ruge como el viento en una noche oscurra… y siempre ofrece un rincón para dar cobijo a corazones hambrientos.

Más artículos sobre el disco Devils & Dust en la revista The Stone Pony 46.

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