40 Aniversario del Born To Run

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26 Ago 40 Aniversario del Born To Run

Estamos de celebración. Se cumplen 40 años del álbum que colocó a Bruce número 1 en las listas y que sin duda cambió su vida y también las nuestras. Para celebrarlo queremos compartir un artículo obra de Javier López Romo, publicado en la revista 49 con motivo del 30 aniversario del álbum.

Born To Run, por Javier López Romo

Publicado en la revista The Stone Pony número 49

«Como cantó Dylan en “Absoluteley Sweet Marie”, “Para vivir fuera de la ley tienes que ser honrado…”. Bruce Springsteen no era ningún desalmado delincuente aunque su aspecto si se asemejaba a un fugitivo fuera de la ley. Utilizaba barba de un mes, cabellos desaliñados, y ropa de hippy, (apelativo que le fastidiaba mucho, ya que aunque fuese moda por aquellos tiempos, él no se consideraba como tal) El era un músico, un músico de rock & roll; tenía dos discos en el mercado, y su nombre auguraba buenas expectativas. En su primer álbum debutó ante un publico que le endoso la siempre incómoda etiqueta de un nuevo Dylan. “Greetings From Asbury Park, N.J”; fue un disco con canciones muy prometedoras, pero la imagen que ofrecían de él, era la de un cantautor solitario y desastrado. Sin embargo, aquellas nueve canciones tenían el esplendor y la magia de un joven prometedor que inyecta en cada estrofa su exagerada a veces verbosidad poética. Su contagioso y desenfrenado entusiasmo le lleva a cometer errores, como reconocería más tarde, cuando firmó aquel contrato con Appel sobre el capó de un coche en el aparcamiento del club donde acababa de hacer una sesión. Y como lo que nos ocurre a todos, que nunca leemos la letra pequeña, a él también habría de pasarle factura tal olvido. Pero joven y sin malicia como era, ansioso por meterse en el centro de ese universo, aquella noche parecía un chico con zapatillas nuevas. Pero los siguientes meses le devolverían a la realidad, la situación de Bruce en la CBS seguía siendo tan insegura como una noche de tormenta. Su primer disco era poco comercial, largo y verboso; mas si a esto le añadimos la negativa de Springsteen en acudir a emisoras de radio, bien porque era un joven sin estudios y no sabía desenvolverse, o bien porque siempre a odiado la publicidad, como quiera que fuese, lo único que consiguió, fue el espectacular cabreo de Appel. Su irritación y su agresivo comportamiento en la discográfica iban en aumento cada día, así que para suavizarlo, le presentaron a Hammond, Appel le chilló: “¿Así qué tú descubriste a Bob Dylan? Veamos, queremos saber si fue por pura chorra, o si realmente tienes buenos oídos…” ¿Qué creéis que ocurrió?.

Nueve meses después, todo un embarazo, saca su segunda obra, ahora ya arropado por la banda, le da un toque más claro y contundente a “The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle”. Ya no son canciones tan largas, (aunque siguen yéndose a los cinco minutos) y muestran un sentido más robusto y coherente. Siete canciones, como si de un número mágico se tratase, excitantes y románticas, pero no exentas por ello de soledad y riesgo. Porque el disco sufrió los males publicitarios, no tuvo ni el más mínimo apoyo comercial, hasta las emisoras de radio negaban el pan a este chico de Jersey, que sin duda se estaba dejando la piel, y su gran talento en aquellos surcos de vinilo que nadie labraba. En aquellas navidades del 73, Bruce comete una chiquillada que al apostre le daría buenos resultados; orgulloso como era por entonces, hoy a sus fans, nos causa motivo de risa. Fotocopia billetes de 20$ y manda bolsitas de carbón a todos aquellos medios de comunicación que le ignoran. Esto en vez de ayudarle le desprestigia aún más, aún sabiendo que tienen entre las manos un buen trabajo y que merecía correr mejor suerte… Pero las ventas de sus discos no fueron las esperadas y cayó en el olvido.

Pero no hay fronteras que eleven grandes muros para frenar toda la energía de este chico de Jersey, que si de algo presume, es de sus grandes actuaciones en directo; tomar la carretera y escapar por ese largo y ancho camino del asfalto negro con una línea blanca divisoria, conducir de Jersey -Asbury park-, a Manhattan, era como reconocer una identidad propia de un chaval de 24 años, su vida empezaba a ser el pedal del acelerador de aquel Chevy amarillo del 57, con doble carburador de cuatro cubas, y su flamante llama naranja pintada en el capó. 2.000 $ eran más de dos meses de sueldo, pero estaban bien empleados en aquel coche que iba a darle una total independencia, además de sumar otros gastos adicionales dobles en la pequeña casa que alquiló en West Long Branch , al norte de Asbury Park, New Jersey. Pero hasta llegar a esta intimidad, todos los conciertos que dio por toda la costa este, eran un éxito arrollador. Ahí quedaba sobre el escenario “ The E Street Shuffle” todo un sábado por la noche con su juerga total y duradera. Sin embargo “Sandy” era la resaca, esa resaca que duraba la mitad de lo que ahora nos dura, o al menos nos hacía menos daño del que ahora nos hace. Esas olas que llegan del océano atlántico y depositan su mensaje sobre la arena de Asbury, “ Oh, ámame esta noche y prometo amarte para siempre…” Y sobre la playa dejas de ser un crío para convertirte en un adulto. En “Kitty`s back”, nos recuerda todas las guitarras del mundo, más te vale en ser rápido mientras eres joven, ó no duraras demasiado si esperas hacerte viejo. En “Incident on 57th street”, es como llegar a la mitad de la escena de un puro west side story, acariciar todas las posibilidades que ofrece la noche, consumir todas esas fechorías de amigotes hasta que raye el alba, y llegará “Rosalita”con su típico humor humano, para tener una novia como Dios manda… Pero esta lidibinosa aventura concluye con la fascinación de Bruce por las calles de New York, que le atraen como una mariposa hacia el bello polen de su particular flor. Creer que la mágica estrella de cinco puntas en la que bruce esta inscrito, va a empezar a irradiar sus destellos, no es ninguna banal creencia, esa estrella en las noches de Asbury, brilla con todo su esplendor sobre la playa, y las olas que llegan con su marea alta, están apunto de cambiar su historia. Y todo comenzaría la noche del 10 de abril de 1974, cuando el crítico de música Jon Landau ve actuar a Bruce por primera vez en el reducido club Charley`s bar de Cambridge, Massachusetts. Queda tan impresionado, que repite un mes más tarde, justamente el día de su 27 cumpleaños. Landau acude nuevamente a Cambridge, esta vez Bruce toca como telonero de Bonnie Raitt en el Harvard SquareTheatre, da un concierto de más de dos horas, e incluye su nueva obra: Born To Run. Aún más conmovido que la primera vez, sabe que a sido testigo de algo sumamente significativo, no puede dormir por lo vivido, y en esa noche de desvelo, escribe el artículo más famoso de su vida que saldría publicado el 22 de mayo en la famosa revista The Real Paper. [Vi el rock & roll del pasado pasar como un rayo por delante de mis ojos. Y vi algo más: Vi el rock & roll del futuro y su nombre es Bruce Springsteen. En una noche cuando necesitaba sentirme joven, él me hizo sentir como si estuviese escuchando música por primera vez.] Toda una declaración impactante.
De lunes a viernes Bruce se refugia en su casa, horas y horas frente a la ventana, pegado al piano y clavando nota tras nota, en ello parecía que le iba la vida. Un cuaderno, un lápiz, afilando sus dotes como compositor, y depurando los arreglos tantas veces como fuese necesario. Escribir una canción en notas, tacharla, volver a empezar y volver a tacharla; creo recordar que Born to run llegó a ocupar un cuaderno entero. Bruce empezó hacer gala de un perfeccionismo que rayaba lo inhumano, su desbordante inspiración fluía como una locura que sólo los genios poseen. Había tenido una visión, y ahora era esclavo de ella. Tan sólo le quedaba aporrear una y otra vez las teclas de aquel piano hasta que le diese la nota perfecta que escribir en su cuaderno. Bruce tenía algo claro, si el rock & roll había salvado su vida gris y anodina que había llevado hasta entonces, consideraba que había adquirido una deuda con la música que sólo podría saldar haciendo sus discos lo mejor que sabía.

 

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Sin embargo los fines de semana se tomaba un respiro, los viernes y sábados, Asbury parecía tener vida propia junto al paseo marítimo. Desde la primera hasta la octava avenida, pasando por Cookman y Lake avenue, y dejándose caer en el Boardwalk, es el famoso “circuito” que Bruce habla en el documental del Born. Garitos y bares se multiplican por estas calles, ahí queda el nº one, The Stone Pony, Convention hall, Paramount teatre, the Wonder bar, la famosa caseta de Madam Marie`s, The Fastlane, Student prince, (donde surgió la famosa leyenda de Clarence Clemons, y ahora llamado Seductions go-go girls-en español puticlub-), Club Xanadu, The Sunshine in (cuando era dr. Zoom & sonic boom en el 71), El Palace Amusements (con el famoso retrato del payaso Tillie), The Casino (frente al océano), The Upstage, (donde tocaba asiduamente con la Steel Mill),The Saint, y muchos más que no nombro por no sabérmelos todos, aunque si los tenga en el libro “Rock & roll Tour of the Jersey Shore” Pero nombro aquellos en los que estuve en mi visita a Asbury Park hace ya tres años, y si en una tarde vi tres conciertos, Los Bocigalupe en el the Saint, Joe D`urso en el Stone, y Bandiera en el Paradise… Toda esta fiebre, toda esta ebullición musical, antes lo fue mucho más, cuando los bares se ponían de acuerdo en los conciertos, el primero empezaba a las cinco, el segundo a las siete, el tercero a las nueve, el cuarto a las once, el quinto a las doce, y así hasta aguantar en la noche de cada día, de viernes a domingo en clara época de verano, en invierno era todo como más cruel. Lo bueno que tenía tanta agitación musical, es que por ejemplo, un sábado te daba para ver hasta cinco conciertos, y lo bueno radicaba en pasarte por cada sala a ver quién tocaba, y como eran sus directos, estudiar, aprender, practicar, eran las tres reglas prioritarias de un Bruce joven y ávido en el aprendizaje del mundillo musical, que por aquellos tiempos tantas penurias causaba, y fueron cientos de grupos los que desaparecieron por que la constancia y la falta de dinero pudieron con ellos.

Imagino a Bruce en el paseo marítimo de un domingo al atardecer, ver como las olas se estrellaban contra la arena de la playa de Asbury Park, y mientras la resaca del sábado martilleaba su cabeza, pensaba que como las olas, también el se iba a estrellar contra las piedrecitas sueltas de la playa. No lo imagino, lo sé, alguien que vivió allí en esa época, me lo ha contado, conoció a Bruce, y conoció su arduo pesar de que estaba en una encrucijada, tomar una cerveza apoyado en la barandilla del Boardwalk mientras expresaba sus inquietudes, es de colegas. Bruce sentía un miedo espectacular a su siguiente trabajo, los críticos le auguraban que cuando tienes dos discos en el mercado, el siguiente te catapulta a la fama, o te hunde irremisiblemente. Y él no era un perdedor. Un lunes de madrugada volvía a la carga en su casa de Long Branch, volver a conectar con su música, era su vida y su trabajo. Una nueva versión del Thunder, de Night, de Backstreets, del Jungleland, o un cuaderno entero del Born to run; todo lo que hiciese falta hasta la perfección. Porque en aquella época Bruce fue un claro perfeccionista, el más mínimo sonido ignoto, superficial, volvía a inventarlo y hacerlo real. Más nada quedaba perfecto, dispuesto a su gusto y semejanza, como la creación de Dios; tenia sus miedos (los más poderosos), también sus virtudes (las más cándidas) Pero las ínfulas de su presunción y vanidad le hacían retroceder como el cangrejo, un paso adelante, dos hacia atrás; aquí radicaba su sencillez como persona.
Un nuevo concierto en New York era dejar clara las cosas, no entrevistas, como aquella que le pidió un francés para su revista al acabar un concierto, y Bruce le contestó: “Pero, ¿no acabo de pasar las últimas cuatro horas hablando contigo? qué más quieres…” No había palabras, era su música la que hablaba por él. A buen entendedor… Bruce abría su corazón en cada escenario, lo demás sobraba, a qué marketing tendría que haberse vendido para fabricar una estrella de tal magnitud y autenticidad de un Bruce obrero y humano…

Más si entre su primer disco y el segundo apenas habían transcurrido nueve meses(lo que dura un embarazo), en este trabajo se estaba tomando su tiempo, dos años, y como Bruce dijo a una revista, concretamente a Point Blank: “ Si la gente no está dispuesta a esperar, entonces es que no están realmente interesados en mi trabajo…” Nada más lejos de la realidad, si el rock & roll le estaba salvando la vida, Bruce sentía que tenía una gran deuda que saldar haciendo su trabajo lo mejor que sabía o podía. Largas semanas de infructuosas sesiones hasta poder conseguir el claro objetivo cifrado, en su tercer trabajo tenía que triunfar, o caer irremisiblemente en el anonimato de un grupo más, de todos esos que cada fin de semana tocaban en Asbury, de los cuales nada se sabían, ni los periódicos de la ciudad hablaban de ellos al día siguiente. Bruce sentía en su estómago todo ese hambre que se siente cuando eres pobre, el Chevi amarillo necesitaba gasolina para llegar hasta N.Y, su billetera se quedaba vacía para alternar en largas noches de cerveza y hamburguesa, pero cuando eres tan joven, es imposible conseguirlo todo. Una nueva actuación en Manhatan, era no pasar apuros en una nueva quincena del crudo invierno del 75. Y llegó la primavera y las ansias de los críticos, Born to run llevaba sonando todo un año como nuevo anticipo de su próximo álbum, y nada, todavía estaba sin grabar. Nunca una canción fue escrita tantas veces, contra más la tocaba más notaba la presencia de volverla a escribir y adaptarla a otro formato. Gracias a que Landau apareció en la vida de Bruce, el mismo lo mando llamar tras la amistad que los unió con el famoso artículo, y fue como desaparecer del cielo los negros nubarronos que asolaban la mente inquieta de Bruce. Un disco sale en un día, pero un disco permanece toda una vida.

 

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Luego los días siguientes serían excelentes en el claro binomio, de la pasión instintiva de Springsteen, y las dotes analíticas de Landau, esta combinación ayudaría a derrumbar los grandes muros en los que Bruce y la banda habían levantado. Aportó una mayor objetividad a las sesiones, colaboró en los arreglos donde el propio Bruce se había quedado atascado. Pero la primavera dio paso al contundente y caluroso verano y todo seguía igual, interminables sesiones que duraban desde las tres de la tarde hasta las seis de la mañana. Quince horas eran como clavar un disparo entre ceja y ceja a cualquiera que abandonase aquel barco en el que todos se habían subido, o ahogarse, o vivir. No más ley. Landau era el sheriff de la contienda, y a finales de agosto, amenazó a Bruce de una vez y por todas, de poner fin aquella enfermiza y crónica esquizofrenia de la búsqueda de la perfección. “Olvida tus miedos, nada es perfecto” debió de gritarle en alguna rabieta de insoportable tensión. Bruce decidió grabar el álbum aún a costa de que en su interior no quedase satisfecho de los resultados conseguidos, terminó de grabarlo en nueve frenéticos días, e incluso se quedaba a dormir en el estudio para no perder tiempo en idas y venidas. Por fin llegaba el día de lanzar al mundo su esperado último trabajo: BORN TO RUN. Y tanto esfuerzo debía de tener a la fuerza su maravillosa recompensa. El éxito. Dos actuaciones cada noche, la mitad eran críticos y ejecutivos de discográficas, productores, periodistas, ansiosos de comprobar si esta pandilla de músicos callejeros de Nueva Jersey representaban realmente el futuro del Rock & Roll. Si. Todo iba sobre rodado, la tercera noche, más de medio millón de personas oyeron en la radio el directo del Born to run de Bruce Springsteen y su ya consolidada E Street Band. La gente enloqueció con Thunder road, con la fiel indiferencia de la décima avenida, se asombraron de Night, y fueron cómplices en ocultarse en los callejones de cada ciudad…

Pero sobre todo habían nacido para correr, era su himno, era su canción; aunque el delirio de She`s the one acabase en una cita al otro lado del río. Pero lo subliminal llegaba con el piano de Jungleland. Aún recuero la crítica de nuestro ministro Pío Cabanillas, volver exhausto de New York, con su disco( recién salido del horno) debajo del brazo, como si esa fuese la cartera ministerial mejor conseguida en su visita a los EEUU. Cuando el ministro llegaba a España, Bruce y su banda debían de guardar cama del puro agotamiento. Había derribado todas las barreras, reavivó el fuego en el corazón de todos aquellos para quienes la música no era meramente diversión, ni una moda pasajera, era una manera de vivir, una pasión tan real, tan magnífica, que daba sentido a toda una vida vivida. Toda una década luchando por abrirse paso en las altas esferas de la fama y del reconocimiento de una persona sencilla de un pueblo de Jersey: Freehold. Ahora, quedamos citados en tan sólo tres años, en el 40 aniversario del Darkness, y aquí si que hay leña que cortar… Good luck, goodbye.»

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