Outlaw Pete: Can You Here Me?

16 Abr Outlaw Pete: Can You Here Me?

Por Luisen López Bascuas (Hardtow)

Outlaw Pete es una canción poderosa. Una canción de esas en las que en unas cuantas palabras se sustancia una tragedia. Como comenta el propio Springsteen, en Outlaw Pete se nos cuenta la historia del protagonista “from birth to death” y podemos asistir, así, al proceso de construcción de ese destino trágico. Este proceso se comprende mejor, a mi juicio, cuando reparamos con cierto cuidado en el pasaje más enigmático y polisémico de la canción: Outlaw Pete, can you hear me? Can you hear me? En este sentido, conviene resaltar que la canción se puede dividir en cinco partes bien diferenciadas y que, aunque cada parte culmina, precisamente, con la enigmática invocación “Outlaw Pete, can you hear me? Can you hear me?“, en cada una de esas partes esa misma frase significa una cosa diferente. 5 partes, 5 significados…o más.

En la primera parte el protagonista nace y, de modo un tanto jocoso, Bruce nos cuenta que a los seis meses ya había pasado tres en la cárcel. Estamos ante el bautizo del personaje y, en ese bautizo, el mundo le ha otorgado el nombre de forajido. De hecho, roba un banco en pañales, descalzo, y al irse ya se presenta como quien le han dicho que es. Sin embargo, no se presenta para que le conozcan los demás, se presenta para intentar conocerse a sí mismo. Los otros sólo son ahora el espejo, el contrapunto, que le permite a Pete ir descubriendo quién es. O mejor dicho, los otros le permiten descubrir qué le toca ser, le permiten hacerse cargo de lo que esos otros han decidido por y para él. Por eso, ese primer “folks, my name is Outlaw Pete” suena más a pregunta que a afirmación. Pete está preguntando (preguntándose) quién es y, en este contexto, la culminación “can you hear me?” tan sólo es una petición de respuesta a la pregunta anterior. Es la búsqueda de una primera confirmación a las sospechas de Pete. Parece que le ha tocado ser forajido.

bruce springsteen
Si en la primera parte nos encontramos con el bautizo de Pete, en la segunda asistimos a su confirmación. Pete ya ha hecho suyo el papel que le han dado. De hecho afirma (confirma) que es un forajido, un asesino y un ladrón. Tan sólo se detiene para sembrar “su” dolor. Así, su camino es un rastro de lágrimas y muerte, tal y como se comenta en los dos versos que servirán de enlace hacia la tercera parte pero que, desde un punto de vista lógico, pertenecen a esta segunda parte que estamos comentando. Por eso, cuando ahora dice “I´m outlaw Pete” estamos, no ante una tímida pregunta, sino ante una afirmación orgullosa. Por eso, ahora, “can you hear me?” no es ya una petición de confirmación, es una advertencia: más vale que os enteréis, soy Pete el forajido.
La tercera parte es conmovedora porque es donde se produce el despertar de Pete. “He awoke from a visión of his own death”, canta Bruce magistralmente. ¿Qué siginifica ese verso? ¿Que Pete soñó con su muerte o, como yo propongo, que Pete despertó de la muerte (de la vida alienada) en la que vivía? Es entonces donde toma sus primeras decisiones propias: se marcha al oeste y pone su amor en una muchacha Navajo. La paz se instala en su pecho en forma de una hermosa hija a la que sostiene mientras nieva plácidamente a su alrededor. Y es en este marco donde vuelve a decir “I´m outlaw Pete”, pero ahora estamos ante un lamento. Ni tímida pregunta, ni afirmación orgullosa; lo que ahora oímos es un lamento desesperado. El “Can you hear me?” de esta tercer parte es un grito desesperado, una plegaría con la que suplica que le rescaten del olvido de los justos. Clama por dejar de ser lo que le obligaron a ser. Clama por ser oído como hombre de bien, como padre, grita para no sentirse invisible, para no tener el mal como único camino de hacerse presente a los ojos de los demás. Esta es la última vez que se oye a Pete en la canción. Ya no volverá a decirnos quién es ni a preguntarnos si podemos oírle. Pete ya ha hecho todo su recorrido; ya sabe qué querían para él y también ha descubierto lo que él quiere para sí mismo. Por eso pide vivir en paz, sin la sombra de su pasado, la nueva vida que ha decidido llevar.
Pero, en la cuarta parte, como bien apunta Bruce, el pasado viene a buscarle en forma de un caza-recompensas. Dan le recuerda que no puede cambiar: “Pete, you think you´ve changed, but you have not”. Y para confirmarle que es un asesino se hace matar. Es entonces cuando le susurra esas terribles palabras: “we cannot undo these things we´ve done”. Y añade, rabioso, dando al traste con el sueño de Pete: “YOU´re outlaw Pete; can you hear me?”. El giro que toma la canción es prodigioso. Aparece la segunda persona. Antes era I´m…, ahora es YOU´re…, antes Pete pedía a los otros que le oyeran, ahora los otros piden a Pete que les oiga. Y lo que le dicen es terrible. No puedes sustraerte a nuestra condena: eres y serás un forajido; o en términos más generales: no sigues nuestras reglas, estás excluido del juego.
Y así nos precipitamos hacia la quinta parte donde se consuma la tragedia, donde Pete se precipita hacia su aniquilación. Poco importa si despeñándose por el precipicio o si congelándose en sus lindes. El caso es que de Pete sólo queda el pequeño rastro de amor que pudo construir en ese momento heroico en el que decidió contrariar a su destino. Sólo queda un pedazo del cuero de su ropa alrededor del pelo de la madre de su hija. Y en ese momento en la canción alguien grita (no Pete, ni los otros -ni Dan-) “Outlaw Pete, Outlaw Pete, can you hear me?”. ¿Es el destino? ¿Es Dios? ¿El Tao? ¿La fatalidad? Poco importa porque viene a ser lo mismo. Quizá sea Dan hecho destino (los otros como instrumentos de la fatalidad o la fatalidad como excusa de la maldad de los otros), o quizá sean todos, incluido Pete, recordándonos el papel que nosotros desempeñamos en la construcción de nuestro futuro. En cualquier caso, algo más allá de las personas está clamando en esos parajes inhóspitos “Outlaw Pete, Outlaw Pete, can you hear me? Can you hear me?” Y la canción se resuelve en una ambigüedad. A veces parece que es un grito enfurecido contra quien se atrevió a plantar cara a su destino pero, a veces, diríase que lo que resuena es el destino (o Dios, o el Tao o la fatalidad) arrepintiéndose por cercenar así la vida de un hombre inocente.
Y así seguiremos escuchando una y otra vez Outlaw Pete. Buscando respuesta a una de las preguntas fundamentales de nuestra existencia: can you hear me?

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