Las 3 salvaciones de la Reina

16 Mar Las 3 salvaciones de la Reina

bruce springsteenK. es un tipo que lleva una vida miserable. Se levanta temprano y, somnoliento, entre el sudor del autobús y los empujones del metro, llega a un trabajo aburrido y alienante. K. no es muy respetado por sus compañeros y a ninguno de ellos puede llamar amigo.El mundo para K. es un lugar incómodo y peligroso. K. no tiene familia, bien porque está solo, bien porque se siente solo. Al llegar a su casa, por tanto, o se encuentra con un lugar deshabitado en el que sólo existe él, o se encuentra con un lugar lleno de extraños que le hacen sentir como si él no existiese.

Un día, nuestro amigo descubre un mundo fantástico donde todo lo que ha deseado está al alcance de su mano, un lugar que le hace sentir en sus labios el regusto agridulce de la vida, un lugar donde por fin hay sueños que le aguardan y donde el aire está lleno de promesas. Y ese lugar resulta ser un supermercado. ¿Cómo un supermercado puede convertirse en un lugar tan fabuloso? Muy sencillo: es ahí donde “ella” le espera al final de cada dura jornada de trabajo. Es allí donde “ella” le espera antes de cada dura noche de soledad. O si no le espera (porque esperar supone intencionalidad), al menos, ella está allí cada tarde, aunque sólo sea porque “ella” es la cajera del segundo pasillo. Así que K. se enamora de la única certidumbre de compañía que tiene en su vida vacía. Sí, pone su “amor” (mejor sería decir, sus carencias) en una fantasía que sólo tiene cierta realidad en el interior de su cabeza atormentada. Esta historia de la canción no anda tan alejada de lo que sucede en la vida real. Una psicóloga muy sagaz me dijo un día que había preguntado a un paciente en consulta si tenía amigos. Su paciente le contestó que por supuesto, que cuando paga en el supermercado siempre habla un poquito con la cajera…
Así pues la vida de K. cambia. Empieza a contar los días por compras (each night I take my groceries and I drift away), está convencido de ver lo que los demás no pueden ver (that they´re in the presence of something wonderful and rare) y pide a los dioses la fuerza para “tell the one I love, I love, Iove her so”. La vida de K. ya no es un mar de soledad. Así que, para bien o para mal, la reina del supermercado salva a nuestro protagonista del vacío, consumándose así la primera salvación de este tema (for one moment her eyes meet mine..I´m lifted up, lifted up, lifted up…).
Q. es una jovencita que ha tenido que dejar el Instituto porque en su casa hacía falta dinero. Su madre no trabaja pero está tan deprimida que apenas puede hacer nada. El padre de Q. quizá no sea tan responsable como debiera y, además, Q. tiene dos hermanos pequeños. No es especialmente guapa y ha tenido un par de novios que le han hecho más llorar que reír. Apenas tiene planes de futuro. Su ropa es ordinaria, su piel, a pesar de la juventud, empieza a ajarse y su pelo siempre anda descuidado. Ha encontrado trabajo de cajera en un supermercado. Algunas veces llega tarde porque tiene que hacerse cargo de sus hermanos y el encargado le amenaza con despedirla. Pero, al menos de momento, no la han despedido y pasa sus días frente a las promociones de queso, entre la caja uno y la caja tres y con la consigna protegiéndole su espalda. Mientras, los ojos de Q. se llenan de tedio y su corazón se nutre del abandono (as she bags the groceries, her eyes so bored and sure she´s unobserved).
Pero la joven Q. tiene aún un rastro de ilusión y un observador lo suficientemente sensible puede detectarlo. Aunque una gorra de la empresa cubre su pelo, no hay nada que pueda ocultar la belleza que ahí se esconde… the beauty waiting there…, si esa belleza es observada por un ojo sensible. Tal es el ojo de nuestro amigo K. Y ese ojo propicia la segunda salvación de este tema. K. convierte en reina a la cajera. Quién sabe si ella llega a sentir esa salvación. Quizá ha reparado en el cliente que todas las noches elige su caja para pagar las compras (aunque las otras estén vacías), quizá ha notado que antes de irse siempre busca sus ojos, quizá empieza a sentirse reina. No deja de ser interesante ver la curiosa interacción que se da entre la realidad y los sueños de nuestros dos protagonistas. Él necesita una reina que le salve y la encuentra en un supermercado. Pero es él quien corona a esa reina que le salva. Ella necesita unos ojos que descubran en ella la belleza que ya tiene. Es ella la que consigue poner en los ojos de él lo que ella ya tiene y, gracias a eso, acaba teniéndolo de verdad. K. se hace K. a través de Q., al tiempo que Q. se hace Q. a través de K.
K. y Q. ya están recuperados para la vida. Toca ahora rescatar al mundo que habitan. La tercera salvación es la de un mundo enajenado representado por el supermercado. Al igual que en el mundo exterior, en el supermercado cientos de personas transitan entre laberintos ignorándose los unos a los otros. Basta con pararse un momento en cualquier lugar para sentirse perdido. Parece que el único modo de estar en el supermercado (en el mundo) es andar agitado, con prisa, de un lado a otro, buscando algo que no acabamos de encontrar, pero engañándonos cada noche pensando que lo hemos encontrado. Vivir poniendo nuestros deseos en cosas triviales pero que son las únicas cosas que alcanzan las puntas de nuestros dedos y nuestros labios (everything you´ve longed for is at your fingertips). Y, desde luego, sin pararse ni un momento a pensar o a sentir; a pensar en lo absurdo de esa vida, a sentir la soledad con la que la atravesamos. Así que la tercera salvación se produce cuando por un momento, los ojos de él se encuentran con la sonrisa de ella rompiendo, siquiera por un instante, el maleficio de ese absurdo y de esa soledad. Ese instante, por intranscendente que parezca, “blows this whole fucking place apart”. Basta un momento de encuentro para hacer saltar por los aires ese jodido mundo. Y es bien interesante ver cómo de la necesidad se hace virtud. Es interesante ver cómo un “amor” en principio absurdo, un amor que nace en dos enfermos (del alma) puede convertirse en algo honesto. Aunque ninguno conoce al otro (lo que hace absurdo su amor) son capaces de conectar en lo único que hay de verdad en sus vidas (el profundo hastío de vivirlas) y es desde ahí desde donde nace una cierta honestidad. Y es eso lo que permite despedazar el mundo opresivo que los encerraba.
Conviene advertir que Bruce hace una interpretación de esta canción que nada (o muy poco) se parece a la que aquí se ofrece. Para Bruce el supermercado es un mundo fabuloso lleno de connotaciones sexuales. Yo soy incapaz de ver ese mundo fabuloso en la canción y mucho menos las connotaciones sexuales de las que habla. Con respecto a esto último la única alusión que se hace es en el verso “beneath her white apron her secrets remain hers”, verso que, en efecto alude a algo sexual pero que, a mi juicio, no busca nada de carácter sexual. En realidad, pienso yo, ese verso tiene una potencia mucho mayor. En ese verso el sexo se utiliza como un modo de restañar la dignidad herida de la reina: aunque el mundo –el supermercado- y sus gentes –su encargado- traten de deshumanizarla, ella conserva secretos que sólo a ella le pertenecen y que la devuelven una cierta dignidad humana. El verso también apunta a una llamada a la intimidad. K. trata de acceder a la intimidad de la reina apelando (de un modo completamente virtual) al camino que se esconde bajo su mandil. Pero aquí lo importante es el destino, no el camino. Por tanto, las connotaciones sexuales son mínimas y señalan hacia lugares que transcienden cualquier tipo de actividad sexual. Tampoco parece haber indicios claros para pensar que el supermercado es un lugar extraordinario. Es en la primera estrofa donde hay un amago de construcción de ese mundo fabuloso. Más arriba hemos aludido ya a esta primera estrofa y allí descubrimos el carácter ilusorio de ese mundo que más que fabuloso es fantástico. Lo que sí soy capaz de ver en la canción, tal y como dice Bruce, es el intento que hay en ella de poner de manifiesto cómo es posible encontrar la belleza en los lugares más inesperados…siempre que la belleza sea una metáfora o un camino hacia el encuentro.
La música resuelve, en cualquier caso, las ambigüedades. La canción empieza con un piano mentiroso que parece descolocar algunas notas de su sitio natural. Te hace desear una nota que no suena y has de esperarla por un momento que se hace eterno hasta que por fin se hace real en los dedos de Roy. Después empieza a cantar Bruce con una voz de cuento de hadas y nos hace ver cómo ese mundo fantástico en realidad se escapa entre nuestros dedos. Observad cómo canta “..is at your finger ti….ps”, “…is at your li….ps”. Así, como si nuestros dedos y nuestros labios nunca fueran a llegar a tocar, a saborear, lo que se nos prometió. Observad el arrebato musical y vocal que se produce cuando se materializa la salvación de cada uno de los personajes. En la de él: “I´m lifted up, lifted up, lifted up, lifted away”, con la música en un “crescendo” vertiginoso; en la de ella: “the beauty waiting there, the beauty waiting there”, con la voz de nuevo subiendo a los tonos más altos de la redención y la música y los coros apoyando la ascensión. En ambos casos, la salvación sustentada con las palabras mágicas “I´m in love with the queen of the supermarket”. Una vez salvados los dos personajes principales, la tercera salvación se produce desde la calma. Probablemente, uno de los versos que canta con más dulzura es el que materializa esa tercera salvación: “that blows this whole fucking place apart”. Debe ser uno de los “fucking” más dulces de la historia de la música popular. Después vuelta a las palabras mágicas de la redención: “I´m in love with the queen of the supermarket”.
Una vez completadas las tres salvaciones, la canción acaba con una música misteriosa que conviene escuchar con detenimiento (es destacable el hecho de que Bruce le dedica a este asunto casi un minuto de la canción). La música es elusiva, los ecos se van apagando y sólo queda el silencio. Por un momento nos preguntamos si de verdad ha sucedido algo de lo que acabamos de relatar o si todo se ha resuelto en la mente torturada de K. Que la música salve a la Reina…y a su pueblo.
Por Luisen López Bascuas (Hardtown).

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